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AQUEL DÍA EN LITTLE BIGHORN...

 
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MARINAKIS JONES
Hapgood
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Registrado: 22 Sep 2009
Mensajes: 94
Ubicación: Regimiento de aventureros y exploradores nº4. Campamento Coronel Tapioca. 1ª CIA.

MensajePublicado: 17 Abr 2011 19:47    Asunto: AQUEL DÍA EN LITTLE BIGHORN... Responder citando

Lucía el sol aquel día sobre Little Bighorn, pequeños y grandes chapoteaban felices sobre las límpidas aguas. Algunos pescaban en los remolinos que las grandes piedras formaban entre una orilla y la otra en el modesto curso del agua. En la orilla más alta y escarpada se extendía el campamento indio. El valle blanqueaba por las tiendas que se perdían a la vista.
Estaban las de los Cheyenes, los Lakota, los Oglaga, los Minnenconju, los Sans Arc, los Santee, los Hunkpapa, los Yanktones, los Brules y tantas otras tribus más o menos numerosas que representaban lo que aún quedaba vivo y libre de la grande y potente nación Sioux. En el centro del campamento estaba la imponente tienda del consejo, en donde se reunían los jefes del “pueblo”.
Caballo Loco y Camino Grande de los Oglala; Toro Sentado, Gala, Luna Negray Cuervo Real, de los Hunkpapa; Dos Lunas y Oso Viejo de los Cheyenes; Águila Manchada de los Sans Arcs; Toro Ràpido y Toca las Nubes de los Minneconjou.



Los Sioux sabían que estaban rodeados de soldados. Una semana antes, el 17de junio, en Rosebud, habían tenido un primer y verdadero encuentro con las tropas de “Tres Estrellas” Crook. “Tres Estrellas no esperaba en contarse frente a un grupo tan grande de pieles rojas. Con sus 1600 hombres pasó en seguida del ataque a la defensa, deshaciéndose con fatiga del combate y replegándose hacia el sur. Por primera vez, en un encuentro abierto, los Sioux habían sufrido una verdadera derrota a manos del ejercito de los Estados Unidos,poniendo en entredicho a uno de sus mejores generales y a una fuerza de choque que hasta aquél momento estaba en condiciones de despejar sin dificultades a cualquier banda de pieles rojas.

La mañana del 25 de junio, el teniente Charles A. Varnum decidió proseguir más de cerca y por su propia cuenta la misión de reconocimiento, por lo que ordenó al scout Mitch Bouyer y a los exploradores Crow del 7º de Caballería que regresasen al campamento. Cuando los exploradores contaron a Custer, que habían visto el valle blanqueado de tiendas que se extendían hasta el horizonte, le aconsejaron que no hiciera nada hasta la llegada del General Terry y el mayor general Gibbon. Éste, incrédulo, quiso comprobar en persona cómo estaban realmente las cosas, por lo que él también subió a la cima del Crow’s Nest,aunque una densa niebla le impidió valorar exactamente las dimensiones del campamento.

Convencido de que se trataba de una de las habituales exageraciones de los scout, decidió pasar inmediatamente a la acción, tanto más que Varnum, después de regresar de su exploración, le había contado que los indios estaban a punto de desmontar el campamento con la evidente intención de marcharse a otra parte.

A pesar de que sus hombres habían sido sometidos a una extenuante marcha nocturna, Custer decidió atacar inmediatamente el campamento indio. Recomendó a sus oficiales que se asegurasen de cada soldado tenía una dotación de al menos 100 balas cada uno, y subdividió sus fuerzas para poder atacar simultáneamente desde varias partes al enemigo.

Al capitán Frederick Benteen, Custer le confió tres escuadrones; otros tres al mayor Reno; los cinco restantes se los quedó él. Lo que más temía era ver escapar la presa entre sus dedos, por lo que su estrategia se dirigía en primer lugar no tanto a derrotar a los indios, lo que ya daba por supuesto, cuanto a impedir que se disgregaran poniendo asalvo a las mujeres y a los niños. Por ello ordenó a Benteen que se dirigiera hacia el sur, procurando que los indios no huyeran por aquella parte, y Reno le ordenó que atacara frontalmente el campamento, reservando a sus escuadrones la misión de rodear por el flanco al enemigo, orientándolo hacia el norte, impidiendo así que huyeran a lo largo del Little Bighorn. Custer no sabía que los indios seguían atentamente desde hacía horas cada maniobra del 7º de Caballería y que no tenía ninguna intención de huir, sino que estaban decididos a combatir.

Muy pronto, el cazador se transformaría en presa.

A pesar de que los exploradores Sioux tenían controlados a los soldados, no se habían percatado de la separación de Reno y Benteen, por lo que siguieron exclusivamente los pasos de Custer. Por ello les cogió de sorpresa cuando los tres escuadrones de Reno irrumpieron entre las tiendas de Hunkpapa. Los soldados se dieron cuenta en seguida de que tenían de frente, no el habitual grupo de cincuenta indios gritando y desorganizados, sino a miles de guerreros bien armados que salían de la tierra como setas, atacando con ímpetu inaudito a los cansados soldados de caballería. Dándose cuenta de haber infravalorado al enemigo, Reno ordenó a sus hombres, descabalgados, que se retirasen a un bosque de chopos desde que el parecía más fácil organizar la defensa. Mientras tanto,a los Hunkpapa se les habían unido los Lakota y, posteriormente, los Cheyenes. El bosque estaba rodeado por un gran grupo de escandalosos guerreros. Los soldadosde caballería ya no se sentían el irresistible 7º Cabellería; lo único que querían era huir lo más rápidamente posible de aquel infierno. Una bala alcanzó en la cabeza a Cuchillo Ensangrentado, guía indio de 7º. La masa encefálica salto por los aires salpicando enla cara a Reno, quien, descompuesto, ordenó a los suyos que atravesaran el río y se retirasen detrás de las colinas a la otra orilla del río. Fue un trágico error. Los soldados de caballería se encontraron en campo abierto bajo las balas de los pieles rojas. Los jinetes Sioux les persiguieron por el agua,abatiéndoles despiadadamente con mazos, luchando con furia en cuerpo a cuerpo.Tan sólo un pequeño grupo perdido de soldados consiguió llegar a las colinas y atrincherarse, preparándose para afrontar el último asalto. Los indios,orgullosos por el éxito, se desinteresaron momentáneamente de aquel puñado de chaquetas azules. Custer, subido en lo alto de la colina, había visto sólo el comienzo de la batalla cuando, reno y sus escuadrones irrumpían en el campamento Sioux. Estaba convencido de que podía conseguir una fácil victoria. Se puso en marcha con sus cinco escuadrones hacia el norte para cortar el paso a las mujeres y a los niños de los indios, tal como estaba previsto;“ciertamente, estaban huyendo hacia aquella parte”…Cuando, protegidos por las rocas, los soldados llegaron al lugar denominado Medicine Trail Coulee, en la orilla oriental del río, Custer estaba convencido de que había llegado a la zona inferior del campamento indio; giró a la izquierda y descendió hacia la garganta con la intención de alcanzar el río y atacar a los indios por la espalda. Sin embargo, más que mujeres y niños en huida, lo que se apareció fue un grupo no inferior a 1500 guerreros Hunkpapa.

En aquél momento, es problable que Custer se diera cuenta de que se había equivocado, pero también seguía estando convencido de que podría salir igualmente victorioso de la batalla. Custer decidió retirarse hacia las colinas en donde pensaba construir un sólido frente defensivo en espera de refuerzos. Antes de lanzarse al ataque había enviado un mensajero a Benteen para ordenarle que le alcanzara lo más rápidamente posible con las cajas de munición. Contaba con la victoriosa ofensiva de Reno y, en última instancia, con la llegada de Terry y Gibbon no más tarde de las siguientes veinticuatro horas. Ordenados y disciplinados, los soldados de caballería se retiraban hacia la colina abriendo un impresionante fuego contra los indios que les seguían.



Las bajas por parte del 7º de Caballería eran numerosas, aunque Custer contaba aún con al menos 200 hombres, bien armados y más que suficientes si se encontraban bien atrincherados, para defender la posición en la cima de la colina por tiempo indefinido. Custer no había contado con el estratega de los hombres rojos, Caballo Loco. No sabía que había conseguido obtener de sus fogosos guerreros la disciplina y el espíritu de grupo que siempre les había faltado en la batalla. Aquél día, el jefe de los Oglala había podido incluso detener el ímpetu de los guerreros contra Reno; les había hecho desistir de una fácil victoria para reunirse y correr a combatir bajo su mando su mando contra los escuadrones de Custer. No sólo. Caballo Loco les había impedido alcanzar a los Hunkpapa que ya combatían contra los chaquetas azules, les había convencido para que le siguieran alrededor de un gran círculo alrededor del extremo septentrional de la colina en la que se desarrollaba el furioso combate, para dirigirse después hacia la parte oriental. Los pieles rojas llegaron a la cima justo cuando los soldados de caballería, cansados, sudados y sedientos estaban casi llegando a la máxima agonía. Podemos imaginarnos el susto de los 200 hombres de Custer cuando, en la cima de la colina, vieron materializarse a miles de guerreros.



No tuvieron tiempo para pensar ni reaccionar. Un inmenso griterío se desplomó sobre aquellos chicos de azul, arrollándolo todo. En veinte minutos,tal vez incluso menos, todo había terminado.

Era probablemente algo más del mediodía. Los indios, orgullosos por la extraordinaria victoria, no tenían más ganas de combatir. Dejaron en paz a los supervivientes del grupo de Reno, a los que, mientras tanto, se les había unido el grupo de Benteen. Al día siguiente, cuando los exploradores Sioux descubrieron la retaguardia de Terry y Gibbon, desmontaron a toda prisa el campamento y los indios huyeron hacia las montañas Bighorn, dispersándose una vez más en pequeñas bandas. La batalle más grande entre hombres blancos y hombres rojos había terminado.





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