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Mata Hari
Episodio 9. Paris (Francia). 1916
ata
Hari era el pseudónimo artístico de Margaretha
Geertruida Zelle. Nacida en Leeuwarden (Países
Bajos) el 7 de agosto de 1876. Su padre era un hombre
de negocios holandés y su madre, de descendencia
javanesa (los Países Bajos tenían Java
como posesión colonial: las Antillas Holandesas),
murió siendo todavía muy joven. Su padre
suplió la ausencia materna con excesivos cuidados
de una joven que destacó por su belleza desde
muy temprano, y que llegó a recibir proposiciones
de su mismo profesor de bachillerato.
A finales del siglo
XIX, se casó a los 18 años tras mantener
una breve correspondencia con un militar que no conocía,
mucho mayor que ella y que había puesto un anuncio
en un periódico. Desde niña, los uniformes
militares habían suscitado en ella una especial
atracción. Tuvo dos hijos, siendo el varón
envenenado presuntamente en venganza por el trato dado
por su marido a un sirviente nativo. Cuestión
acaecida en su estancia de casada en Java donde fue
destinado su cónyuge. La muerte del hijo supuso
un duro golpe para la familia que no fue capaz de superar.
El marido buscó amparo en la bebida y frecuentaba
bien poco el hogar. Se dice que esta soledad llevó
a Mata Hari a sus primeros contactos con la cultura
javanesa y con las técnicas amatorias orientales,
que le proporcionarían años más
tarde fama como cortesana que llegaba a cobrar por velada
1000 francos de la época (unos 600 euros en la
actualidad). Tras separase y de vuelta a Europa, perder
en Holanda el juicio sobre la custodia de su hija debido
a su libertina vida en la isla, según declaró
su marido, realizó más tarde algunos intentos
fallidos en París como modelo de modistos, fracasos
que supusieron un auténtico trauma en su vida
por carecer de recursos económicos para vivir
con dignidad. Más tarde volvió a París,
armada de valor y amparada en la similitud de sus rasgos
con la sensación de orientalidad heredada de
su madre, y más propia de la literaria romántica
de evasión de finales del XIX. Unos relatos que
despertaban en la sociedad occidental una imagen difusa
y añorada de lo oriental. Aprovechando estas
circunstancias, se hizo pasar por una supuesta princesa
de Java ejerciendo de bailarina exótica, protagonizando
espectáculos de danza donde alcanzaba la desnudez
progresivamente, pero nunca de su parte superior. Según
ella, su marido le había arrancado un pezón
en un acto de ira. La mentira e imaginación,
como salida obligada para superar su penosa situación
económica, empezó dar sus frutos y a la
vista de sus ventajosas consecuencias, pasó a
convertirse en algo habitual. París fue un revuelo
con auténticas pugnas por conseguir primeras
filas en sus espectáculos de danza. También
fue cortesana y tuvo romances secretos con numerosos
funcionarios militares e incluso políticos de
alto nivel. Este tipo de relaciones, así como
los contactos que tuvo entre lo más florido de
la alta sociedad, una vez comenzada la Primera Guerra
Mundial, resultaría ser el origen que le llevaría
más tarde hacia su propio final.
Su fama como bailarina
crecía, pero el paso del tiempo, no perdonaba
a una Mata Hari que había llegado a Paris con
cierta edad. Al perder sus encantos físicos,
que hoy en día no resultarían demasiado
sobresalientes para nuestros gustos, empezó a
ejercer con más asiduidad de cortesana, amparada
por el mito que había creado, y de esta forma,
seguir llevando un nivel de vida similar que ya sumaba
más de diez años. En aquellos tiempos,
intentó recuperar a su hija que vivía
con su padre pero resultó imposible. Mandó
a su ama de llaves que volvió con las manos vacías
tras varias horas de espera a la puerta del colegio
donde estudiaba. Aquel día su padre fue a recogerla.
Aquella niña murió en los Países
Bajos de un ataque al corazón años más
tarde de la muerte de su madre, curiosamente días
antes de un viaje a Java en el que había puesto
muchas esperanzas.
En 1917, siete meses
antes del final de la "Gran Guerra", fue sometida
a juicio en Francia acusada de espionaje, de ser una
agente doble para Alemania y Francia a la vez de causar
la muerte de miles de soldados. Se le encontró
culpable sin pruebas concluyentes y basadas en hipótesis
no probadas que hoy no se sostendrían en un juicio
moderno, de hecho, una asociación de su ciudad
natal pidió hace dos años al Ministerio
de Justicia francés y con toda la formalidad
jurídica, una revisión póstuma
del caso. Todavía no se ha pronunciado.
Fue ejecutada por
el pelotón de fusilamiento el 15 de octubre de
1917. La leyenda sostiene que la escuadra tuvo que ser
vendada para no sucumbir a sus encantos, sin embargo,
son probados los hechos de que lanzó un beso
de despedida a sus ejecutores y que, de los 12 soldados
que constituyeron el pelotón de fusilamiento,
sólo acertaron curiosamente 4 disparos, uno de
ellos en el corazón que le causó la muerte
instantánea. El oficial a cargo, como así
se disponía en estos casos, ultimó el
acto innecesariamente con un disparo de gracia en la
sien. La noticia recorrió en mundo. Hay incluso
narración periodística que detalla este
dramático momento describiendo la expresión
de su rostro, forma de caída y disposición
final del cuerpo en el suelo. También existe
una fotografía a cierta distancia de los momentos
previos a su ejecución, justo enfrente del pelotón
de fusilamiento, cuando el oficial está leyendo
los cargos.
Su cuerpo, que no
fue enterrado, se empleó para el aprendizaje
de anatomía de los estudiantes de medicina, como
era precepto para los considerados criminales y ajusticiados
en aquella época. Su cabeza embalsamada, que
tenía el pelo teñido de rojo como atestiguan
quienes la vieron, permaneció en el Museo de
Criminales de Francia hasta que en 1958, desapareció
seguramente robada por un admirador.
"¿Una
ramera?, ¡Sí!, pero una traidora, ¡Jamás!"
es una frase que se le atribuye a Mata Hari durante
un juicio que se transformó en sumarísimo
con carga moral.
Hoy por hoy, la tesis
más extendida sobre el caso Mata Hari es que,
aunque reveló algunos datos sobre ciertos movimientos
alemanes sin importancia, como el desembarco nocturno
de algunos oficiales del Kaiser en Marruecos, y la insustancial
comunicación al enemigo de movimientos de tropas
francesas tomadas de la prensa de París, estos
fueron siempre irrelevantes debido a la nula preparación
de Mata Hari como espía, aunque llegó
a ser acusada por Francia de haber sido entrenada en
Holanda en una escuela para tal fin. Mata Hari era más
bien una cortesana en aquellos momentos, que aceptó
encargos de esta índole con tal de poder seguir
con su alto ritmo de vida y asistir, en territorio de
guerra, a su joven amado herido en combate. Quienes
han estudiado este personaje dicen que en realidad,
se tomó esta labor como un juego, no siendo plenamente
consciente de que el mundo ya no era el que había
conocido antes del fatal año de 1914 y que la
guerra había cambiado todo.
Una tesis muy seguida
se basa en que los alemanes, al decidir que este personaje
les resultaba molesto, prepararon la muerte a manos
del propio enemigo, tendiendo la trampa al contraespionaje
francés para que asociaran a Mata Hari como un
agente alemán. La jugada era perfecta. Al enviar
los alemanes un mensaje comprometedor y cifrado con
una clave, de la que tenían constancia que sus
enemigos ya disponían del método de descifrado,
pero sabiendo que los estos desconocían el sobreaviso
alemán sobre este hecho, provocarían,
como así sucedió, que las autoridades
de París creyeran sin reparos en la veracidad
de toda la información interceptada, por pensar
que los alemanes la habían enviado confiados,
cuando en realidad, lo habían realizado intencionadamente.
Hay que mencionar el nuevo escenario de guerra de inteligencia
que suscitó este conflicto mundial. Numerosos
mensajes eran enviados para confundir sobre las verdaderas
intenciones del enemigo y movimiento de tropas y la
lucha por conseguir claves y estar al tanto del cambio
de estas, provocó auténticos quebraderos
de cabeza. Este envenenado radio-telegrama fue captado
en la capital francesa por la antena de radio dispuesta
en la torre Eiffel y sirvió como la principal
prueba de la culpabilidad de Mata Hari.
El mensaje hablaba
de un agente alemán, el H21, que iría
a Paris y que extraería cierta cantidad de dinero
de un banco. Las fechas y el acto, aunque el dinero
nunca le fue desembolsado y formaba parte del pago de
honorarios por sus servicios a Francia, coincidieron
en la persona de Mata Hari que volvía de la capital
de España. El contenido del mensaje coincidía
con los hechos, pero la incriminación de que
ciertamente fuese un agente alemán, no.
Mata Hari que, bajo
condiciones penosas, había sido encarcelada durante
meses antes de su fusilamiento, tuvo ciertas contradicciones
en los diferentes interrogatorios a los que fue sometida
(era una persona acostumbrada a inventar su propia vida).
Según sus estudiosos, sirvió de chivo
expiatorio ante la opinión pública por
los fracasos de Francia en el frente de guerra, con
una mezcla de rencor moral subliminal ante su vida fácil
y licenciosa. Es sabido que cuando fue apresada, requirió
el que le concedieran tiempo para asearse y que llegó
a mostrarse desnuda ante los ojos de sus captores, con
la excusa de ofrecerles bombones en un casco prusiano
que un general alemán le había regalado
años atrás. Este atrevimiento y muestra
de contactos con amantes enemigos, en plena época
de guerra, muestran a Mata Hari con la actitud propia
del mito en vida que representaba, y con la seguridad
de que sus contactos en la altas esferas la convertían
en intocable. Todavía no era conciente del principio
del fin y del comienzo de la negación por todos.
Estos hechos, entre otros, constan en el acta del juicio
que no fue revelado hasta bien entrada la década
de los 50 del siglo pasado.
La acusación
de haber sido la causante de la muerte de miles de vidas
y ajusticiada en virtud de esto, puede ser tomada como
una acción de marketing político propia
de tiempos difíciles, en un momento donde era
habitual que se ejecutaran a cientos de jóvenes
franceses en el frente, por cuestiones como traición
y sobre todo, deserción. La batallas con cifras
de medio millón de muertos eran habituales, donde
quien alcanzaba la victoria, había tenido un
porcentaje sólo algo menor. Aquellos conflictos
que elevaron a su máxima expresión la
categoría de carnicería humana, y que
inundaban las trincheras con restos de cuerpos humanos
tras la sucesiva enésima explosión, necesitaban
de soluciones expeditivas ante cualquier atisbo de culpabilidad.
Uno de sus biógrafos
incide en que su endiosamiento, conocedora del mito
vivo que representaba en su época, y la limitada
repercusión dramática y directa de la
guerra en la capital parisina, creó una actitud
psicológica tan poco consciente, como para no
haberse dado cuenta de las consecuencias de prestarse
a la lluvia de intereses que esta clase de juegos peligrosos
conllevan. Siempre habría una mano amiga de entre
sus amantes, muchos de ellos altos políticos,
que le tendería la mano.
Mata Hari es hoy por
hoy, un leyenda que curiosamente representa el paradigma
del espionaje cuando en realidad es su antítesis.
Fue parodiada hasta la saciedad después de su
muerte como efecto de la misma propaganda que su fusilamiento
conllevaba. Muchos de los rasgos de la imagen general
que la sociedad actual tiene de este personaje, surgen
en esos momentos. Fue amada por muchos y en los momentos
fatales, repudiada y negada por todos.
El joven oficial ruso
de 23 años del que estaba enamorada, y por el
que aceptó el encargo de espiar para Francia
al embajador Alemán en Madrid por un millón
de francos de la época (el joven fue herido en
combate en un ojo y necesitaba cuidados), habló
de ella en términos de "mujer aventurera"
una vez que supo de su encarcelamiento. Margaretha acudió
a la autoridades francesas, para conseguir un visado
especial para el tránsito por el territorio en
guerra que era necesario para acudir donde estaba ingresado.
Ese momento había sido aprovechado para proponerle
trabajar para el gobierno de la República en
asuntos tan delicados.
Este desprecio de
"por quien hubiera cruzado el fuego" según
Mata Hari, entre otros sinsabores, como el envenenamiento
de su pequeño, la ausencia de su hija y una dura
vida sin apenas ingresos que llevó con su tía
antes de lograr su fama en París, ayudaron a
Margaretha en la consecución de la siempre difícil
entereza o quizás resignación, de aceptar
su propia muerte con peculiar valentía ante lo
es inevitable. No obstante, hasta pocas horas antes
del fusilamiento, tuvo la esperanza de que el presidente
de la República le concediera el indulto. Cuando
le fue denegado y se procedió acto seguido al
fusilamiento, todavía no podía creer los
que iba a suceder aquel amanecer del 15 de Octubre,
con la mente todavía ausente por los relajantes
que solía tomar para conciliar el sueño.
Sin embargo, con la ayuda seguramente de las numerosas
charlas que había sostenido previamente con la
religiosa que le asistió cierto tiempo, y la
aceptación progresiva de que podría suceder
lo peor, hicieron que sus últimos actos fueran
acordes al mito que representaba para sus contemporáneos.
En momentos como esos, no es posible fingir una artificial
rectitud o valentía. Margaretha Geertruida Zelle,
siempre proclamó insistentemente su inocencia,
hasta el último instante.
Hoy por hoy sigue
siendo un personaje descrito con pinceladas de leyenda.
A pesar de la distancia en el tiempo, pocos son los
acercamientos a su persona que dibujan claramente un
ser humano, preso de su destino, que intentó
olvidar sus propios fantasmas y tragedias personales
con un personaje ficticio que en javanés significa:
"Ojo del Amanecer". Un personaje que optó
por la huída hacia adelante de la Dolce Vita,
al igual que el decepcionado personaje de Mastroianni,
en un intento de ocultarse a sí misma la evidencia
del abismo de quien ha asistido al espectáculo
de la miseria humana. Mata Hari murió a los 41
años.
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