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Howard Carter
Episodio 1. Egipto, 1908
oward
Carter (1873-1939), arqueólogo y egiptólogo
británico, nacido en Londres. Joven diseñador
y acuarelista inglés, Howard Carter tiene 17
años cuando entra a trabajar al Museo Británico.
Está encargado de hacer copias de los jeroglíficos
y, en 1891, es enviado a terreno y desembarca en El
Cairo. Desde 1891 hasta 1899 formó parte del
equipo Misión Arqueológica en Egipto.
En 1892 ayudó al egiptólogo británico
sir Flinders Petrie en la excavacion de Tell el-Amarna
(Egipto) y, no contento con su trabajo, aprende rápidamente
la escritura jeroglífica y se transforma en un
investigador y en un egiptólogo competente. Lleva
9 años en Egipto cuando Gastón Maspero,
conservador del museo de El Cairo, le confía
el cargo de inspector de antigüedades. Sin embargo
renuncia al año siguiente. Aunque está
sin empleo Carter no se decide a regresar a Inglaterra.
En 1906 Maspero le
presenta a lord Carnarvon, un hombre acaudalado apasionado
por la egiptología. Carnarvon consigue una conseción
para realizar excavaciones y contrata a Carter. En la
primera temporada los dos hombres y su equipo descubren
la tumba de un príncipe de la XVII dinastía.
Aunque fue saqueada contiene todavía algunos
objetos interesantes.
Entre los descubrimientos
posteriores que llevó a cabo en Egipto destacan
las tumbas del faraón Tutmosis IV y de la reina
Hatshepsut. Estos descubrimientos aumentan el entusiasmo
del mecenas, al que Carter expone entonces su raciocinio:
casi todos los soberanos de la XVIII dinastía
fueron enterrados en el Valle de los Reyes y todas las
sepulturas fueron encontradas, a excepción de
una: la del joven rey Tutankhamón, quien sucedió
por breve tiempo al célebre Akhenatón,
llamado también Amen-Hotep IV. Los arqueólogos
piensan que debido a su escasa importancia y a la brevedad
de su reinado, Tutankhamón está enterrado
en otro lugar. Pero Carter está convencido de
que no es así y cuando el americano Davis anuncia
que finalizó sus excavaciones en el Valle de
los Reyes, Carter encarece a Carnarvon que pida la concesión.
Sus investigaciones
y cálculos le permiten cincunscribir las excavaciones
a un perímetro determinado, pero cuando ambos
están listos para lanzarse a la aventura estalla
la Primera Guerra Mundial. Los dos hombres deben esperar
hasta 1918 para retomar la tarea.
Miles de metros cúbicos de tierra deben ser renovidos
a mano, ya que el lugar escogido por Carter está
situado en una zona que los demás arqueólogos
utilizaron para depositar sus escombros. Pasan muchas
temporadas de excavaciones y los investigadores encuentran
algunos objetos, pero no la tumba. Finalmente en noviemnre
de 1922 los obreros encuentran unos escalones que se
hunden en la tierra y conducen hacia una puerta: es
la tumba y Carter avisa a Carnarvon, quien se encuentra
en Londres.
Desde hace algún
tiempo Carter posee un canario, con el cual su equipo
se encariñó, ya que piensan que el "pajarito
de oro" trae buena suerte. Pero algunos días
antes de la apertura de la tumba el canario sufre una
tragedia: una cobra se desliza en su jaula y se lo traga.
La cobra es la serpiente de los faraones, símbolo
de la realeza. Los obreros ven en este asunto un mal
presagio, y cuando Carter y Carnarvon se preparan a
abrir la primera puerta un contramaestre les advierte
que morirán como el pájaro si violan el
descanso de Tutankamón. Los arqueólogos
no toman en cuenta la advertencia y junto a Evelyn,
la hija de Carnarvon, y el egiptólogo Callender,
quien realiza sus propias excavaciones a algunos kilómetros
del lugar, entran en la sepultura.
Una primera cámara
les revela un tesoro fantástico: un trono, estatuas,
muebles, carros, armas, todo reluce de oro y piedras
preciosas. En otro cuarto, recubierto de cerámica
azul y oro, están encerrados los tres sarcófagos,
encajados uno dentro del otro, de Tutankhamón,
y una última cámara contiene estatuas
y cofres llenos de joyas. Carnarvon y Carter acaban
de realizar el descubrimiento arqueológico más
importante de todos los tiempos: la tumba intacta de
un faraón, milagrosamente preservada de los saqueos.
Todo el tesoro hoy se encuentra en el Museo de El Cairo.
El año siguiente,
después de ser picado por unos mosquitos, lord
Carnarvon contrae fiebre y su estado empeora rápidamente.
Es trasladado a El Cairo, donde muere el 5 de abril
de 1923 a las dos de la madrugada. En ese preciso instante
todas las luces de la ciudad se apagan, la electricidad
acaba de cortarse.
La prensa, que había
oído los rumores acerca de la advertencia hecha
al momento de la apertura de la tumba, ve en Carnarvon
la primera víctima de la maldición. ¿Acaso
no era el socio principal, el verdadero responsable
de violar el descanso real? Los acontecimientos siguientes
dejan felices a los periodistas, ávidos de sensacionalismo.
Jorge Benedite, egiptólogo que trabaja para el
Louvremuere después de visitar la tumba y su
homólogo norteamericano Arturo Mace sufre la
misma suerte; luego siguen el hermano y la enfermera
de lord Carnarvon, el secretario de Howard Carter...
Se llega a contar hasta veintisiete muertes "misteriosas",
la mayor parte de ellas debido a enfermedades. La prensa
habla entonces de un virus que permaneció cautivo
en la tumba durante tres mil años. Pero los exámenes
efectuados no revelan la presencia de ninguno.
Los periodistas siguen
cada pista adicional sobre la maldición, llegando
incluso a inventar la existencia de una inscripción
en la tumba: "los que entren a esta tumba sagrada
serán muy pronto tocados por las alas de la muerte",
que nunca existió. Sin embargo, estas muertes
en cadena no son suficientes para apoyar la idea, por
más seductora que fuese, de una venganza del
faraón sobre los que turbaron su descanso eterno.
Además de que el clima de Egipto es particularmente
malsano, hay que reconocer también que entre
los principales actores del drama que penetraron en
la tumba, solo lord Carnarvon tenía 57 años
cuando murió, y hacía años que
su salud estaba deteriorada.
Howard Carter,
Evelyn Carnarvon y el arqueólogo Callender, que
participaron con él en la apertura de la sepultura,
terminaron apaciblemente sus días muchos años
más tarde.
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