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Louis Armstrong
Episodio 20. Chicago (USA). 1920
un siglo de su nacimiento, el legendario trompetista
sigue siendo una presencia imprescindible. En los años
finales del siglo XIX, músicos afronorteamericanos,
provenientes de las bandas militares organizadas en
los años de la Guerra Civil, comenzaron a desarrollar
en New Orleans un estilo muy libre de interpretación.
En lugar de ejecutar
las piezas como habían sido compuestas originalmente,
las “descargaban”' de una forma muy divertida,
en el tempo y la dinámica del rag time (música
sincopada que se tocaba en pianos y pianolas), creando
interesantes improvisaciones en torno a las melodías
originales y utilizando inflexiones propias de un canto
negro rural conocido como blues.
En breve, aquel estilo
fue denominado jazz y surgieron las primeras figuras
capaces de “componer en vivo”' una descarga
sobre otra composición, como Charles Buddy Bolden,
Joe King Oliver, Bunk Johnson, Freddie Keppard y Jelly
Roll Norton, todos famosos en el sur cuando el joven
Louis Daniel Armstrong debutó como segunda trompeta
de King Oliver en 1917.
Armstrong no tuvo
la suerte histórica de inventar el jazz, pero
en compensación, el destino le permitió
ser el creador del jazzista.
Nacido hace 100 años,
el 4 de agosto de 1901, en New Orleans, aunque él
siempre aseguró haber venido al mundo el 4 de
Julio de 1900, muy pronto su capacidad de improvisación,
lo que en el jazz clásico se llamó tener
swing, el fuerte sonido de su trompeta en las notas
más agudas y los tiempos más rápidos,
fenómeno conocido como tocar hot, su voz tan
antilírica como el rugido de un león y
el scatting, su característica improvisación
vocal con sílabas, lo convirtieron en paradigma
del jazz.
A lo largo de su vida
profesional actuó en Estados Unidos, Europa,
Suramérica, Asia y Africa, al principio con las
orquestas de King Oliver, Kid Ory, Fate Marable, Fletcher
Henderson, Sidney Bechet y luego al frente de sus propios
grupos como los Hot Five (más tarde Hot Seven),
sus orquestas en el apogeo de las big bands, y a partir
de 1947 su agrupación All Stars.
Compartió honores
en estudios de grabación, escenarios y películas
con Benny Goodman, Duke Ellington, Dizzy Gillespie,
Jimmy Dorsey, Oscar Peterson, Dave Brubeck, Paul Whiteman,
Bessie Smith, Bing Crosby, los Mills Brothers, Billie
Holiday, Ella Fitzgerald y Barbra Streisand, entre muchos
otros.
Satchmo (de satchel,
que significa bolsa; y mouth), como le llamaban, siempre
fue un fraternal y bonachón personaje muy querido
por todos los que le conocieron, con gran sentido del
humor, devoción por el arroz con frijoles rojos
al estilo New Orleans y mucha nobleza en su corazón.
A los 17 años
se casó con Daisy Parker, una prostituta cuya
negativa a dejar el oficio provocó el divorcio.
A los 23 contrajo nupcias con su compañera de
la banda de King Oliver, la ambiciosa pianista Lil Harding,
una suerte de Yoko Ono del jazz, quien solía
decirle: “Nunca llegarás a estrella a la
sombra de Oliver”. Luego de un tercer y breve
matrimonio con Alpha Smith, en 1942 se casó con
Lucille Wilson, su esposa por el resto de su vida.
Fue embajador de buena
voluntad del gobierno norteamericano, objeto de fuertes
críticas por parte de la Unión Soviética
durante sus giras por África y un hombre de decoro
frente a la discriminación racial.
Cuando críticos
y empresarios comenzaban a considerarlo un artista pasado
de moda, Armstrong sorprendió a todos entrando
al Top 40 con Mack The Knife y Blueberry Hill en 1956.
En mayo de 1964 su versión de Hello Dolly, en
el mejor estilo y sonoridad del jazz clásico
a lo New Orleans, subió vertiginosamente al No.
1 desplazando nada menos que a Los Beatles.
En 1968 regresó
a las posiciones estelares con la balada What A Wonderful
World y, 20 años después, cuando esta
grabación fue utilizada como tema de la película
Good Morning Viet Nam, en 1987, el título registró
altos niveles de venta en una nueva y distante generación.
Su inagotable energía
lo mantuvo activo hasta pocas semanas antes de su muerte,
ocurrida en su casa de Queens, New York, el 6 de julio
de 1971, víctima de un infarto cardíaco
en medio de padecimientos renales y hepáticos.
A principios de los
años 60, durante una entrevista, Armstrong formuló
una sencilla declaración que encierra todo un
siglo de historia musical.
“Si no hubiera
sido por el jazz, no habría rock”'. Al
divulgarse la noticia de su fallecimiento, Dizzy Gillespie
parafraseó la sentencia: “Si no hubiera
sido por él, no estaríamos nosotros”.
Y Duke Ellington pronunció las palabras que deberían
servir de epitafio en su tumba: “Fue el epítome
del jazz y siempre lo será”.
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