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Robert Graves
Episodio 8. Batalla del Somme (Francia) / Alemania.
1916
obert
Graves, poeta de origen irlandés y erudito historiador
afincado en la tranquilidad de Mallorca (la Isla de
la Calma) es uno de los personajes más relevantes
y quizás menos conocidos del mundo de la enteogenia.
Su entrada en este ámbito aconteció de
la mano de Velentina P. Wasson, quien en 1949 le envió
una carta sondeándole sobre su opinión
acerca de la muerte del emperador romano Claudio -sobre
el que Graves había escrito una monumental novela
histórica, Yo Claudio-. Al atribuirse la muerte
de Claudio al envenenamiento por Amanita phalloides,
una seta mortal, los Wasson se interesaron por la información
que pudiera aportar Graves a sus investigaciones acerca
del mundo de los hongos. De esta primera epístola
nació una correspondencia que alcanzó
las 300 cartas, que se mantuvo por un espacio de 20
años. Y navegando por estas epístolas,
por los artículos que Graves escribió
sobre los visionarios y los libros que los Wasson editaron
sobre el tema, aflora un intercambio de ideas que puede
considerarse entre lo más fructífero del
siglo.
Mientras que los Wasson
pueden considerarse campeones en lo referente a devoción
al trabajo, perseverancia y claridad mental, Graves
juega aquí un papel de hombre intuitivo, capaz
de relacionar y sacar a un primer plano mil detalles
de su prodigiosa erudición en historia, mitología
y poética. Ya en un primer momento Graves estuvo
de acuerdo en que la micofobia podría tener un
origen religioso, exponiendo a los Wasson que la actitud
micofóbica que habían descubierto en la
cultura occidental no era otra cosa que un tabú:
una ley de prohibición que tomaba todas las características
de una censura sobre un alimento de significación
religiosa.
En un segundo paso,
y quizás entre los de más trascendencia
entre los que ofreció esta creativa relación,
Graves hizo llegar a los Wasson un recorte de prensa
en el que se mencionaba un artículo de R.E. Schultes
sobre una velada con hongos sagrados, acontecimiento
que presenció en la Sierra Mazateca en México
en el año 1938, pero en el que no ingirió
el sacramento. Esto llevó a los Wasson a dirigir
su atención de Eurasia al Nuevo Continente, que
había quedado excluido de sus investigaciones
en un primer momento. Tras estudiar los papeles de Schultes
y los relatos de los frailes españoles (principalmente
Sahagún), y tras varios viajes a México,
los Wasson fueron admitidos a participar en una velada
con teonanácatl, oficiada por la memorable sabia
María Sabina, en la noche del 29 de junio de
1955. Así, tras casi 30 años de estudios,
se vio recompensada su tenacidad con una experiencia
enteogénica de una intensidad y transcendencia
que tuvieron consecuencias históricas. De hecho
los Wasson no sólo eran estudiosos, sino que
poseían la habilidad de comprender el alcance
religioso, histórico y espiritual del efecto
de estas sustancias sobre la mente y las sociedades
humanas.
En el posterior y
frenético intercambio de cartas entre los Wasson
y Graves se sembró el germen de posteriores investigaciones
que R.G. Wasson desarrollaría en varios libros
que editó él mismo (Valentina murió
aquejada de cáncer en 1959). Así, las
primeras ideas sobre la naturaleza enteogénica
y botánica del kykeon eleusino partieron de Graves,
como también la identificación del soma
védico con la ambrosía griega -a
la que había atribuido una naturaleza fúngica.
Graves, en cierto
modo satisfecho por todo lo aportado pos su creativa
intuición, se retiró a principios de los
70 de esta labor enteogénica, dejando sembrado
el terreno con mil y una ideas (algunas de ellas aun
por germinar).
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