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Fortaleza de Aït Benhaddou |
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· Artículo por
Indiana_
La fortaleza de Aït Benhaddou
na
vez que se llega a la zona de las Altas montañas
del Atlas, en Marruecos, el camino discurre por unos
áridos paisajes lunares misteriosos que logranb
combinar el matiz rojo del desierto con los valles que
culminan en formaciones gigantescas de roca. La camino
es abrasador, polvoriento y agotador pero merece la
pena, ya que las montañas del Atlas son el lugar
donde encontrar las famosas kasbahs y los ksars del
Marruecos antiguo, respectivamente los castillos aislados
y las ciudades fortificadas del desierto.
Para los que nunca
habéis oído hablar sobre las kasbahs de
Marruecos, he querido hacer este breve artículo,
en el que encontrareis la información necesaria
de estas construcciones, su historia, así como
su utilización para escenarios de muchas producciones
cinematográficas europeas y americanas, entre
las que se cuentan las Aventuras del Joven Indiana Jones,
en la fortaleza de Aït Benhaddou. Se trata de castillos,
fortalezas, ciudadelas o algo por el estilo que evocan
escenas del estilo de los cuentos de las mil y una noches
(o al menos en mi imaginación) y que se levantan
en medio del salvaje desierto.

Marrakech es un punto
idóneo para iniciar las rutas de las kasbahs,
una de las cuales, quizás la más importante,
se dirige a través del valle del Draa. Esta larga
excursión (de unos 350 kilómetros) sigue
la carretera que une las ciudades de Uarzazat y Zagora,
en la denominada travesía del Anti Atlas, zona
geográfica precursora de las primeras arenas
del desierto.
En el camino, el viajero
encontrará varias fortalezas de adobe, perfectamente
equilibradas en el terreno pedregoso en el que se asientan.
Hace ya años, el Ministerio de Cultura marroquí
cifraba en 255 el número de kasbahs existentes
en la zona, muchas en peligro de ruina. Algunas datan
del siglo XVII, pero la mayoría fueron levantadas
a lo largo del XIX y la primera mitad del XX, justo
la época de esplendor de la familia Glaoui, que
no pocas veces combatió contra el sultán
de Marrakech. Las fortalezas vivienda perdieron su razón
de ser con la independencia de Marruecos en 1956, que
trajo la pacificación de la zona.
Antes de llegar a
Uarzazat el viajero podrá contemplar la fabulosa
kasbah de Aït Benhaddou, declarada por la Unesco
Patrimonio Universal. Es sin duda el ksar mejor conservado
de Marruecos.

El ksar en Aït
Benhaddou es simplemente aturdidor. Como los vecinos
regocijadamente le dirán, con regularidad es
usado en anuncios y películas, empezando por
Sodoma y Gomorrha de Orson Welles y Lawrence de Arabia,
de David Lean; Según dice un lugareño,
el equipo que rodó la película La joya
del Nilo, destrozó en una toma uno de los fastuosos
frontales de adobe de la kasbah, como se aprecia en
la foto en la que aparezco yo. Sin embargo, según
mis informaciones, esa puerta fue construida expresamente
para el rodaje del film siguiendo la estética
del yacimiento arqueológico, con ideas de volarla
en la secuencia en la que los protagonistas escapan
de la fortaleza derribando la puerta y parte del muro
usando una avioneta. Sea como fuere, lo cierto es que
gracias a los cineastas, esta kasbah ha sido restaurada
y mantenida mientras que las otras se han derrumbado
en la suciedad del polvo y la tierra de la cual fueron
hechas, y el resultado es una vista realmente asombrosa.

Cuando el viajero
llega a la zona y decide recorrer sus calles y explorarla,
ha de acceder a ella caminando por el pueblo en la dirección
del ksar, que se asienta sobre el lado de enfrente del
Oued Ounila (oued es el nombre árabe para el
río, pero río con poco caudal o prácticamente
seco, pues la palabra río en árabe es
nahar). No será difícil que, a los dos
minutos de caminar por el pueblo, aparezca algún
muchacho que quiera hacer de guía, y no dejará
de insistir hasta que lo consiga (principalmente porque
querrá a cambio algo de dinero), aunque no resultará
para el aventurero nada irritante. Más bien al
contrario. El privilegio de la molestia se reserva siempre
al siroco. El siroco es el nombre dado al viento de
desierto que sopla en el Sahara, y no es extraño
que en Aït Benhaddou tenga una presencia bastante
remarcada aunque el día sea apacible, lanzando
la arena hacía abajo del valle y del río
que hay que cruzar para poder llegar al ksar. ¿No
os habéis preguntado alguna vez por qué
la gente berebere de Sahara se abriga sus cabezas y
caras con bufandas y turbantes, dejando solamente un
hueco diminuto para sus ojos, lo justo para poder ver?
Pues cuando sientes cómo el siroco clava la arena
en el rostro como puñales lo comprendes a la
perfección.
Pero
merece la pena con tal de apreciar monumentos como el
de Aït Benhaddou, que se eleva en el desierto como
una muestra latente de su cultura y folklore, y de su
historia aletargada. Sus torres achaparradas y pequeños
edificios aventanados son exactamente del mismo color
rojo marrón que el desierto circundante (no por
otra razón que no sea que están hechos
con la misma materia). Vagabundear por sus calles es
como viajar en el tiempo. Es también sorprendentemente
fresco y un refugio excelente del viento, que golpea
aun con fuerza en la parte más alta del ksar.
Es muy difícil
de explicar el sentimiento que se produce al llegar
a la cima del castillo antiguo, la visión de
todas las colinas, los valles y los oasis que los bereberes
antiguos habrían inspeccionado desde su ciudad
fortificada.
El ksars está
construido de la arcilla y el fango (conocido como pisé)
y no duraría mucho tiempo bajo la casi inexistente
lluvia. Si no hubiese sido constantemente cuidado, la
fortaleza berebere estaría en ruinas después
de 50 años. Sin embargo ha sido reformado y reconstruido
en varias ocasiones, aunque no por ello muestra diferencia
alguna o dejan de ser sus edificios completamente idénticos
al ksars de épocas más antiguas. La atmósfera
desde luego es completamente auténtica, y por
lo que a mi opinión respecta, creo que eso es
lo más importante.
Siguiendo
el camino se llega a Uarzazat, una ciudad con escasos
encantos que sirve de dormitorio intermedio en la excursión
que lleva a Zagora. En Uarzazat, en la kasbah de Taourit,
existe una especie de estudio de cine para producciones
europeas y estadounidenses. El negocio comenzó
con la legendaria Lawrence de Arabia y siguió
con El cielo protector de Bertolucci, y ha continuado
hasta nuestros días con otras producciones más
o menos conocidas.
Cerca de esta fortaleza
el viajero podrá visitar la kasbah de Tifoultoute,
a 10 kilómetros de Uarzazate, que al parecer
todavía pertenece a la familia Glaoui. Ya en
ruta hacia Zagora, se debe hacer un alto en el camino
en Aït-Saoun para contemplar las fantásticas
vistas del Anti Atlas. Poco después aparecerán
los enormes palmerales que convierten el paisaje en
un escenario bíblico. Muy cerca de Zagora, el
viajero encontrará la primera gran duna del desierto.
Una visión que a buen seguro despertará
su espíritu más aventurero, pues aquí
es donde termina la civilización y comienza la
aventura.

Indiana_ posando frente a Aït Benhaddou
1996
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