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Aventura Nº 4
1938
Los aplausos retumbaban por todo el salón de actos. Sin que le diese tiempo a llegar hasta la pequeña mesita alumbrada por un flexo, sacudiéndose el polvo de tiza de las mangas de su americana de lana, ya había una multitud en pie esperando bajo el estrado, para intercambiar cientos de comentarios con el Dr. Jones.
- Bien, damas y caballeros. Le estamos muy agradecidos al Doctor Henry Jones Junior…
- ¡Indiana!
- ¿Disculpe?
- No, que puede llamarme Indiana Jones. Nadie me conoce por mi verdadero nombre.
- Ah, bien – sonrió el gracioso hombrecillo que le había concertado la conferencia. – Pues, agradecemos infinitamente al Dr. Indiana Jones la gentileza que ha mostrado al acceder a impartir esta conferencia en nuestra universidad, aprovechando su breve escala en nuestra ciudad antes de partir en viaje de negocios a Venecia.
- En realidad, me voy a tomar unas vacaciones, así que no es preciso que me busquen. Les aseguro que será complicado localizarme.
Todo el público asistente sonrió hipócritamente. Jones acompañó al hombrecillo rechoncho hasta un lateral del escenario, por donde pensaba huir de forma ligera para evitarse encuentros pesados que alargasen su estancia más de la cuenta. Pero tras cruzar la puerta que salía al pasillo de los despachos, un hombre de rostro serio y gran abrigo gris le agarró del codo con firmeza.
- Indiana Jones…
- ¿Sí?
- Anoche recibió usted en su hotel una nota. Era mía. Le solicitaba una cita breve hoy. Debo entender que no fue posible hacérsela llegar.
- Verá, querido desconocido – sonrió Indy de medio lado – Para serle sincero, su nota me llegó. Es sólo que no respondí, puesto que apenas dispongo de tiempo…
- Pero yo tengo algo que le puede interesar. – le interrumpió el misterioso personaje. – Algo que podría revolucionar la arqueología y la fama de su pequeño museo americano, Dr. Jones.
Aquello no pintaba nada bien. Indy ya se había visto envuelto en este tipo de conversaciones otras muchas veces. Sabía distinguir a un traficante de antigüedades a la legua.
- ¿Y de qué se trata esta vez? ¿Un tesoro? ¿Un objeto milagroso?
- No, Dr. Jones… Una de las siete maravillas de la antigüedad. – dijo entregándole una tarjeta blanca, que introdujo en su bolsillo de la americana. Después, se puso su sombrero, y se marchó dando la espalda a Jones.
La tarjeta indicaba un lugar y una hora, y aunque sabía que terminaría metiéndose en líos, no pudo evitar la curiosidad de ver que era aquello tan importante que ese traficante quería mostrarle.
La dirección que le había dictado al taxista, la que ponía en esa misteriosa tarjeta, le había conducido hasta las afueras de la ciudad, a una zona industrial de envejecidos edificios medio abandonados. Debía de tratarse de algo verdaderamente grande, para ocultarlo en un local de semejante tamaño.
- ¿Hola?
La voz de Indy retumbó por toda la nave.
- Sabía que vendría, Indiana Jones…
- Bueno, eso no quiere decir que me interese lo que me va a ofrecer, señor…
- Digamos que me llamo… Piertinni. Soy arqueólogo, o lo era, antes de que me despidiesen de las excavaciones que lleva a cabo el gobierno de la ciudad…
- Si, ya, la triste historia de siempre. –dijo Indy, demostrando desinterés en ahondar en la historia personal de aquel rufián.
Comenzó a caminar hacia el interior del edificio, donde había un gran bulto tapado con una lona azul, mientras pedía al extraño de nombre inventado que fuese al grano.
Sin mediar palabra, el hombre dio una orden, y dos jóvenes aparecieron de detrás de aquel gran objeto, y entre los dos deslizaron la gran lona que descubrió una enorme cabeza humana de bronce.
- Santo Dios… ¿Cómo ha conseguido usted ocultar esta pieza? Es enorme…
- Yo diría más bien… colosal, ¿no cree? Hemos calculado que la estatua completa debía de medir unos 35 metros de alto.
- ¿Dónde la encontraron?
Jones comenzó a dar vueltas alrededor de la pieza. Observaba cada mínimo detalle, sin perder atención a lo que aquel hombre le decía.
- No, Dr. Jones, no me va usted a embaucar. Ni donde, ni como, ni cuando. Mis fuentes son confidenciales. Yo simplemente tengo que ganarme la vida. Pero no obstante, creo que no cabe duda de qué se trata. El estilo de Chares di Lido está patente en cada rasgo de la obra.
Jones le lanzó una mirada de reojo. Habían juzgado demasiado rápido.
- Puede ser, sí. En efecto. Y… ¿Cuánto vale para usted?
- Dos millones de dólares para mí, para jubilarme. Y uno más digamos, de gastos que puedan surgir.
- No está nada mal el precio. Creo que mi gente del Museo aceptará con gusto sin hacer muchas preguntas. Pero debe usted darme unos días para poner todo a punto.
- Claro, Indiana… Confío en su saber hacer y en su discreción.
- Délo por hecho. – dijo Jones estrechando su mano. – Tendrá noticias mías en dos días, desde Venecia.
Con su sombrero en la mano, salió de forma pausada de aquel lugar, sintiendo la sonrisa y la mirada complaciente de aquellos hombres a su espalda. Una ilusión casi contenida, que se rompió en sonrisas y vítores de los muchachos mas jóvenes en cuanto Indy cruzó la puerta. Volvió a subir a su taxi, que le llevó hasta el centro de la ciudad de nuevo, justo junto al gran edificio antiguo donde Indy ya sabía de sobra que habían encontrado aquella pieza.
Allí, buscó un teléfono, y marcó un número muy corto.
- ¿Pronto?
Indy respondió en perfecto italiano.
- Sí. Tengo una información para usted. Una pieza arqueológica robada. Creo que le será de gran interés para su museo. Tan solo avisen a los carabinieri. Yo les haré llegar una nota con la pieza, el lugar donde la esconden los ladrones, y toda la información necesaria. Le adjuntaré un plano de la zona donde la encontraron en cuanto me sea posible. Y no me lo agradezcan… tan solo vigilen la seguridad de sus yacimientos… Ciao!
¿Tal vez tú puedes ayudarle? ¿Crees que eres la persona indicada para ayudar a Indy en esta nueva aventura? Solo tienes que descubrir tres cosas…
- ¿En qué ciudad se encuentra Indiana Jones?
- ¿Qué pieza quieren vender en el mercado negro los contrabandistas esta vez?
- ¿Dónde se encontró esa pieza?
Hadle llegar a Indy el mapa correspondiente, y te habrás convertido en uno de los ayudantes y fieles amigos del gran arqueólogo y aventurero.
¡Aventuras!
Esperamos que os guste y entretenga el concurso.
Un saludo del equipo de IndyEsp.net
¡Mucha Suerte!