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Las 7 Maravillas del Mundo |
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- [ Las
Pirámides de Gizeh ]
- [ El
Faro de Alejandría ]
- [ Los
Jardines Colgantes de Babilonia ]
- [ El Coloso de Rodas
]
- [ El Templo de Artemisa
en Efeso ]
- [ El
Mausoleo de Halicarnaso ]
- [ La
Estátua de Zeus en Olimpia ]
EL COLOSO DE RODAS
 esde
el 292 a.C. y durante doce años, los arquitectos
Chares de Lindos y Laches dirigieron las obras de construcción
de una gran estatua a la entrada del puerto de Rodas.
El primero de ellos terminó suicidándose
bajo la presión que le suponía no estar
seguro de poder lograr la estabilidad de la estatua.
Sin viajar apenas en el tiempo (apenas unos tres años
hacia delante, hasta el 277 a. de C.) vamos a presenciar
la construcción . Para ello abandonaremos el
Asia Menor y nos internaremos en el mar Egeo. Allí,
apenas a 18 kilómetros de la costa, encontraremos
la más importante de las islas Espóradas:
Rodas. Es importante porque su ciudad, del mismo nombre,
es la capital del Dodecaneso, archipiélago compuesto
por una veintena de islas. La situación geográfica
de Rodas es privilegiada para comerciar con Grecia,
el Asia Menor e incluso Egipto, y gracias a eso se ha
convertido en el centro comercial más importante
del Mediterráneo Oriental. Hecha con placas de
bronce sobre un armazón de hierro, la estatua
representaba al dios griego del sol, Helios, con una
altura de 32 metros y un peso de unas setenta toneladas.
No se sabe con certeza que cada uno de los pies se situara
a un lado de la entrada del puerto, obligando a todos
los barcos a pasar por debajo suyo.
Formado
por trescientas toneladas de bronce, y relleno de ladrillos
hasta la cintura, la parte superior del coloso era hueca
y en su interior se encontraba una escalera para alcanzar
la cabeza. En la llamada torre del fuego se encendían
todas las noches grandes hogueras para guiar a los marinos
a modo de faro. Tan sólo 56 años después
de terminado, un terremoto derribó al coloso.
Aún después de caído, el coloso
siguió atrayendo gente que acudía junto
a él para comprobar de cerca sus verdaderas dimensiones.
Siguiendo el designio de un oráculo, los habitantes
de Rodas dejaron el coloso donde había caído,
hasta que novecientos años después fue
recuperado por los musulmanes como botín de guerra.
Por ello no es extraño que alguna potencia de
la época ambicione apoderarse de Rodas e intente
tomarla, como Macedonia. Su rey, Demetrio I Poliarcetes,
es conocido por su experiencia en el arte militar, sobre
todo en los asedios, tanto, que en futuro los militares
se referirán a la técnica de asediar fortalezas
como "Poliarcética". Demetrio ataca
pues, Rodas. Sin embargo, la ciudad resiste los embates
de este temible guerrero, quien finalmente se retira.
Para
celebrar este triunfo, la ciudad decide elevar un monumento
memorable a Helios, dios del sol, en el puerto. Dirige
las obras Cares de Lindos, discípulo de Lisipo.
La estatua va creciendo, primero el armazón de
hierro y sobre él las placas de bronce. Finalmente,
cuando la estatua se termina mide nada menos que 32
metros de altura. Su fama atraerá a viajeros
de todo el mundo antiguo para verlo. Con el Coloso,
llegaron a ser cinco las maravillas del mundo que se
alzaban sobre la faz de la tierra, número que
no fué superado sino que fué decreciendo.
Cincuenta y seis años después de su construcción,
en el 223 a. de C., un terremoto derribó al Coloso.
Los habitantes de Rodas, siguiendo el consejo de un
oráculo, decidieron dejar yacer sus restos donde
cayeron. Y así fué, durante cerca de novecientos
años, hasta que en el 654 d. de C. los musulmanes
se apoderaron del bronce como botín en una incursión.
La leyenda del Coloso tendió, cómo no,
a agrandar sus proporciones. Durante el renacimiento
el Coloso fué "descubierto" por los
humanistas, al igual que el resto del arte griego, y
su magnificencia fué remarcada haciéndose
circular que su tamaño era tal que los barcos
pasaban entre sus piernas. Pero el Coloso no necesita
de mitificación: habrá de pasar la friolera
de dos mil años hasta que el hombre realice otra
estatua colosal que la supere, lo cual lo dice todo.
EL TEMPLO DE
ARTEMISA EN EFESO
 rtemisa
era la diosa griega de la fertilidad, que los romanos
llamaron Diana. Desde tiempos inmemoriales era adorada
en un templo situado en Efeso, cerca de la actual aldea
turca de Aia Soluk. El intento de invasión de
los cimerios en el siglo VII a.C. tuvo entre otros el
resultado del incendio del templo. Creso, rey de Lidia
e inventor de las monedas decidió reconstruirlo
y abrió una suscripción pública,
a la que todos los ciudadanos aportaron algo. El resultado
fue magnífico. Dos siglos después, en
el 356 a.C. un mendigo loco ávido de notoriedad
llamado Eróstrato incendió el edificio
que fue consumido por las llamas sin que nadie pudiera
hacer nada por evitarlo. Veinte años después,
y utilizando los mismos planos, Alejandro Magno lo hizo
reconstruir gracias a la coincidencia de que había
sido incendiado el mismo día de su nacimiento.
Fue terminado en el 323 a.C., pero ya nunca recuperó
su antiguo esplendor.
Plinio
lo describió con ciento veintisiete columnas
jónicas de una altura de 18 metros, 36 de ellas
ornamentadas, que rodeaban la sala donde se situaba
la estatua de la diosa. Medía 123 metros de largo
y 67 de ancho. Entre los años 260 y 268 d.C.
los saqueos de los godos destruyeron gran parte del
monumento. El ingeniero inglés J.T.Wood descubrió
los restos demostrando la veracidad de la descripción
de Plinio y que había sido puesta en entredicho
durante siglos. Nuestro viaje nos lleva ahora a tierras
helenas, donde buscaremos la mayor parte de las maravillas
que nos faltan por ver. La Grecia Clásica es
el auténtico faro de la civilización de
su tiempo, y no es de extrañar que sea allí
donde los artistas florecen y realizan sus más
excelsas obras.
Nos detenemos en la
ciudad de Efeso, a orillas del mar Jónico y junto
a la desembocadura del pequeño Meandro. Seguimos
a mediados del siglo VI AC. Ésta ciudad ha sido
desde siempre un centro de culto a la diosa Artemisa,
llamada después Diana por los romanos. Se trata
de la soberana de la naturaleza selvática y de
los animales salvajes, y suele representársela
acompañada por una cierva y armada de arco y
flechas. Desde muy antiguo, existe un templo dedicado
a la diosa. Pero en el siglo VII a. de C., la ciudad
sufrió el ataque de los sumerios y aunque se
resistió, no se pudo evitar que el templo se
incendiara y fuera destruido. Pero ahora casi toda la
Jonia ha pasado a manos del rey de Lidia: Creso.
Sí, el mismo que ha inventado esos nuevos y extraños
discos de metal llamados "creseidas" que se
suponen que van a hacer las veces de moneda. Nadie sabe
dónde pararán estos inventos modernos...
pero Creso es un protector de sabios y artistas, el
mismo Esopo ha pasado por su corte, y se propone levantar
un nuevo templo a Artemisa, mejor que el anterior. Para
ello se lleva a cabo una suscripción pública;
todos los ciudadanos donarán algo de dinero para
el templo nuevo. Finalmente el templo se levanta. Cuenta
con 127 impresionantes columnas de 20 metros de altura,
algo descomunal para su época, y cuenta con esculturas
de Escopas.

Este templo ilumina
la ciudad de Efeso durante dos siglos. Sin embargo,
llega la tragedia: en el año 356 a. de C., el
pastor Eróstrato destruye el templo incendiándolo,
por puro afán de fama. Sin duda consiguió
lo que buscaba, como lo prueba el que recordemos su
nombre. Pero tal vez consiguió algo más
que eso: demostrar a todos los hombres que por cada
Escopas hay un Eróstrato, y que las maravillas
construidas por el hombre deben ser protegidas del propio
hombre. Esta historia tiene un epílogo: cuando
alrededor de veinte años después, Alejandro
Magno ocupó la ciudad de Efeso y residió
en ella por un tiempo, escuchó la historia del
templo de Artemisa y descubrió que había
sido destruído la misma noche en que había
nacido él. Al parecer fué esta coincidencia
la que le impulsó a reconstruir el templo, durante
el tiempo que permaneció en Efeso instaurando
un gobierno democrático. Una vez terminado, el
nuevo templo (que hace el número tres en nuestra
cuenta) contó con un retrato del propio Alejandro,
pintado por Apeles, el más famoso pintor griego.
Aunque el templo de Artemisa no recuperó jamás
su pasado esplendor, al menos su antigua fama le valió
una pronta reconstrucción.
El
Mausoleo de Halicarnaso...
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